La Historia a remate

La Historia a remate

Por la Doctora en Historia: Carmen Espinosa Valdivia.

Hace algunos años comenzó a ponerse de moda un programa de televisión que se llama en México El precio de la Historia. A mí, como especialista en la materia, me molestaba el pensar que los testimonios que nos son útiles para acercarnos a la memoria y, a través de ella, al pasado estuvieran en empeño. Ver a la gente deshacerse de objetos muy valiosos por cantidades no proporcionales por la urgencia económica me parecía, cuando menos abusivo. No entendía el por qué de la popularidad de ese programa.

el precio de la historia

Pawn Stars, programa de History Channel

Ahora lo entiendo desde una perspectiva que me escandaliza cada vez más. Las semanas anteriores nos enteramos de que el grupo terrorista Isis había destruido la zona arqueológica grecorromana de Palmira, denominada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Hay videos que exhiben el bombardeo del sitio, acompañado de asesinatos en columnas y monumentos históricos y el hallazgo, tras las retirada de los terroristas, de una fosa común con los cadáveres de los asesinados por los famosos yihadistas. Lo más sorprendente es que circularon mucho menos, pero también a lo largo y ancho del planeta, las imágenes de objetos históricos de las mismas ruinas que fueron subastados a precios millonarios por los supuestos defensores del Islam contra Occidente. Dos cosas me parecieron obvias: que los terroristas tienen intereses económicos muy por encima de su religión o ideología y que la Historia, es decir, los objetos históricos, son claramente concebidos como mercancías de alto valor en el mercado internacional.

En otra dimensión, no menos grave, el jueves 31 de marzo fui a visitar la ciudad de Cholula y sus alrededores. El guía, no sin un tanto de dolor, me comentaba cómo una campo de cultivo de flores se había convertido en una plancha de concreto con el pretexto de convertirla en un espacio deportivo-recreativo al que nadie asiste, a pesar de la resistencia de los habitantes del barrio. El mismo espacio forma, claramente, parte de la plataforma sobre la que está construida la famosa pirámide de Cholula. De manera que un campo de flores y el rescate arqueológico del lugar fueron ignorados a cambio de un espacio cuyo único objetivo es hacer política de relumbrón de espaldas a la ciudadanía, pero eso no fue lo más grave. Cerca de 1910, cuando todavía no había los criterios para la conservación de los bienes históricos de la nación, se construyó un manicomio sobre la misma plataforma arqueológica que podría datar de los años 50 d. C. Dicha construcción debe haber causado estragos en la antigua construcción. Pero hoy en día, ya con la existencia de un instituto como el Nacional de Antropología e Historia, se está “reconstruyendo” el viejo hospital psiquiátrico para convertirlo en museo de sitio. La intención parece encomiable, sin embargo, los criterios no están respetando ni las estructuras prehispánicas ni el edificio porfiriano.

Por si fuera poco, en mi paso por Santa María Tonantzintla los miembros de la comunidad, que son los encargados de la custodia del mundialmente reconocido templo barroco, me impidieron tomar fotos con el argumento de que la difusión de esas imágenes favorecía que saqueadores de arte sacro viera su patrimonio como botín, es decir, nuevamente el objeto histórico y artístico como mercancía.

Templo_Sta_Maria_Tonantzintla

Templo de Santa María Tonantzintla

Hice el comentario a través de facebook y se armó un interesante debate sobre si la fotografía propiciaba la delincuencia, y se llegó a comentar que los guardianes del sitio cobraban varios miles de pesos por festejos como bodas y quince años y ahí no tenía miramientos para permitir la toma de fotos incluso con flash que, es bien sabido, puede dañar los pigmentos de esculturas y pinturas.

Las lista de ejemplos podría multiplicarse y los debates sobre los medios para prevenir el robo de arte y patrimonio histórico y favorecer la conservación de los bienes que nos dan identidad y memoria serían inacabables. De cualquier manera, no quisiera terminar esta aportación sin proponer algunas soluciones. Para conservar el patrimonio es indispensable conocerlo. Viajar, leer, enterarnos de las maravillas que tenemos y que queremos dejar a las generaciones futuras. En segundo término difundirlo. Hacer que personas que se sienten, todavía, ajenas a esa herencia la consideren suya y, lo suficientemente valiosa, para que reconozcan la importancia de su investigación y mantenimiento. En tercero, la organización y la presión a las autoridades para que soliciten la asesoría de especialistas para la realización de obras que, al mismo tiempo que generen bienestar a los ciudadanos, permitan darle un valor real a los objetos históricos y bienes culturales.

Habría que enfatizar, para terminar este comentario, dos cosas: las creaciones históricas o artísticas fuera de su contexto, del entorno en el que fueron creados, pierden la mayor parte de su valor. La conservación de la herencia histórica y cultural puede generar ingresos académicamente sustentados, ambientalmente sostenibles y socialmente benéficos. Nadie está peleado con que se gane dinero, simplemente es urgente que lo hagamos bien.

Twitter: @carmenespival

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2 comentarios

  1. Waldo

    Programas como El precio de la historia “justifican” (entre muchas otras cosas) la respuesta occidental a ISIS… da que pensar.

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