“La reata se rompe por lo más delgado” o ¿en qué se parecen Nicolás Alvarado y Luis Videgaray?

“La reata se rompe por lo más delgado” o ¿en qué se parecen Nicolás Alvarado y Luis Videgaray?

Por la Dra. Carmen Espinosa Valdivia.

 

A lo largo del actual sexenio presidencial los mexicanos hemos acumulado frustración y hartazgo por diversos motivos: se nos ofrecieron reformas que abaratarían costos de bienes y servicios que han aumentado, casas blancas, conflictos de interés, Ayotzinapa, Nochistlán, Tlatlaya, prediales pagados por amigos en Miami y la lista se multiplica. De lo más reciente dos cosas causaron furor: la tesis de licenciatura del actual presidente del país que resultó un plagio en casi un 30% (ver enlace) y la invitación del mismo primer mandatario mexicano a Donald Trump. Afortunada o desafortunadamente, estas noticias se dieron alrededor de otro suceso que sacudió a la multitud: la muerte del Divo de Juárez, Juan Gabriel.

juanga-ok

Que termine la vida de los mortales es normal, que muera uno de los últimos ídolos, héroes sociales, con los que cuenta este país, que tiende a buscar sus modelos de vida en santos, personajes de la farándula o el deporte, es motivo de preocupación. Durante más de una semana se ha honrado la memoria, cenizas presentes o no, del cantante y compositor más afamado de los últimos tiempos. Los medios de comunicación saturaron sus espacios con noticias relativas a la memoria y honras fúnebres que se le dedicarían a tan polémico como exitoso artista. Incluso el fallecimiento de Evita Muñoz “Chachita”, de las últimas personalidades de la época de oro del cine nacional, pasó casi desapercibido ante la avalancha emocional que despertó la partida del querido Juanga. En esas circunstancias, el que era director de TV UNAM, Nicolás Alvarado, conocido comunicador y destacado miembro de las élites culturales, fuertemente ligado a Televisa, decidió publicar un texto en el que afirmaba, entre otras joyas, que “Mi rechazo al trabajo de Juan Gabriel es, pues, clasista: me irritan sus lentejuelas no por jotas, sino por nacas”.

El texto completo se refiere al proceso del propio Alvarado para diseñar un programa en honor a Juan Gabriel. Su opinión se redujo a unas cuantas líneas al final y eso fue suficiente para detonar una explosión en su contra que se venía gestando desde que se le nombró director de la televisora universitaria. A muchos no nos agradó que un “televiso” entrara a dirigir este medio que debería de ser modelo entre las instituciones públicas, y no lo es. Reconozco que me dejé llevar por la oleada de las redes sociales y, sin dilación, firme la solicitud de que Nicolás Alvarado saliera de TV UNAM. Finalmente renunció y se disculpó no por sus palabras, sino por lo inoportuno de las mismas. Reconozco que fui irreflexiva al firmar esta petición.

tapete-bandera-ok

Ahora, cuando redactaba esta opinión, me enteré de que Luis Videgaray renunció a la Secretaria de Hacienda. Se le atribuye haber aconsejado al presidente Enrique Peña Nieto la invitación al nefasto candidato a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, para que viniera a nuestro país, pasando por alto mínimas y fundamentales consideraciones de gobierno, diplomacia y relaciones internacionales: no se puede negociar con un hombre que, como discurso de campaña, enarbola la intransigencia; no se debe invitar a casa a alguien que ha agredido a tu familia ya que probablemente la agreda de nuevo; no puedes darle la espalda a la aversión, más que justificada, que tus ciudadanos sienten por ese personaje y no es mínimamente racional darle publicidad a un candidato que venía descendiendo en las preferencias electorales, sobre todo cuando es una amenaza para tu país. Para colmo, ¡a quién se le ocurre confrontarse con la candidata que va a la cabeza en las encuestas y que podría ser menos desfavorable para México!

Ante los destrozos causados por la visita, la reata se rompió por lo más delgado. Nicolás Alvarado y Luis Videgaray tuvieron que renunciar como chivos expiatorios para saciar la sed de sangre que las infaustas noticias de las últimas semanas han despertado en la población. Pero el atole con el dedo no durará mucho. Si no hay medidas claras contra la corrupción, a favor de un estado de derecho o si la situación económica empeora como parece pronosticarse las consecuencias pueden ser impredecibles.

, , , , , , , , , , , , , , , ,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 + 18 =