• La verdad relativa en el espejo de Ron Mueck
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La verdad relativa en el espejo de Ron Mueck

Una imagen extraña y a la vez familiar nos recibe: el rostro gigante de un hombre durmiendo. El sorprendente realismo de su piel y cabello son especialmente notables dada la proporción de la obra. Los ojos cerrados evitan que nos sintamos incómodos u observados al volvernos invasores de su intimidad. Se trata de un momento fielmente capturado que recibe a miles de visitantes. Lo íntimo se vuelve público.

Es esta contradicción la que nos invita a realizar un recorrido en el que el ser humano en toda su complejidad, magnitud, detalle y fragilidad se constituye como la máxima obra de arte.

El creador, Ron Mueck, quien también se ha distinguido por ofrecer muy pocas entrevistas, ha expresado su deseo de que sean las propias obras quienes hablen, quienes generen esa carga emotiva que se vuelve única en cada espectador. Así, donde unos ven nostalgia, otros ven tedio, esperanza o incluso tristeza.

La realidad puesta en perspectiva y provocadoramente alterada con el propósito de romper nuestros esquemas de pensamiento hace que la obra de Mueck se vuelva un espejo y para asomarse a él no se requiere más entrenamiento que las propias experiencias de vida. Esta libre interpretación involucra al observador porque apela directamente a sus sentimientos y lo lleva a elaborar historias personales.

Las creaciones del artista australiano, que en un principio se desenvolvió en el terreno de la publicidad y el entretenimiento al lado de personajes como Jim Henson, no buscan ser agradables o desagradables, esa cualidad les es otorgada por cada visitante, originándose de ese modo una gama de reacciones en las que sólo queda excluida la indiferencia.

Risas, curiosidad, rostros maravillados, reflexión. Los escenarios son construidos en la mente de quien observa y ejemplo de ello es la figura de un hombre desnudo sentado en un bote, cuyo recorrido y motivaciones son inevitablemente imaginados por el público. También podemos encontrar a una mujer cargando un montón de palos. Imágenes que bien pueden parecer salidas de un sueño, de una historia fantástica o para algunos, quizá, de una pesadilla.

Fue el mismo artista quien previo a la exposición de su obra, realizó un recorrido por San Ildefonso y decidió en qué salas serían colocadas sus obras. De esta forma se entiende que sea justo en la sacristía de la capilla que haya sido colocada la representación de un pollo gigante, muerto y colgado, teniendo como contrastante escenografía los óleos deLa Sagrada Familia y La venida del Espíritu Santo. Se trata de un enfrentamiento directo y sin concesiones con la muerte, con nuestra condición mundana en medio del arte barroco. Este ánimo provocador muestra lo que significa el arte para Mueck: la oportunidad de sacarnos de nuestra pasividad y abrir nuestros ojos a los detalles que, a fuerza de repetirse, escapan a la vista.

Sin duda no existe nada convencional en esta exposición y a ello se agrega el hecho de que el público puede tomar fotos de las obras, situación especialmente afortunada dado que los visitantes sienten el impulso de llevarse una parte de esa experiencia y compartirla. Se trata pues, de un recorrido emotivo: una celebración de la condición humana cuyas imágenes en muchos casos terminan siendo transmitidas a través de las redes sociales e invitan a los conocidos a vivir por sí mismos dicha experiencia.

Al final del recorrido se pueden observar videos que muestran paso a paso el proceso de elaboración de las obras. Somos testigos de una mezcla de técnicas en las que la escultura y pintura se complementan para lograr esa precisión extraordinaria en el detalle. El referido material audiovisual constituye en sí mismo el atractivo final de la exposición.

Desde su inauguración el 20 de septiembre pasado, Ron Mueck. Hiperrealismo de alto impacto ha recibido miles de visitantes, lo que la convierte ya en una de las exposiciones de un artista vivo con mayor convocatoria que ha albergado el Museo de San Ildefonso.

Ron Mueck, Hiperrealismo de alto impacto permanecerá hasta el 5 de febrero de 2012 en el Museo de San Ildefonso (Justo Sierra 16, Centro Histórico).

Fuente: JCT / Conaculta

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